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Historia: El Buscador de Jorge Bucay

Jorge Bucay: El Buscador

Esta es la historia de un hombre al que yo lo definiría como un buscador…
Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.
Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsquedad.
Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.
…una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.
El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.
Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción… “Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”
Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida.
Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.
Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta de que la piedra de la lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía: “ Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses, y 3 semanas”.
El buscador se sintió terriblemente conmocionado.
Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.
Una por una, empezó a leer las lápidas.
Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.
Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años…
Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó.
Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

No, ningún familiar – dijo el buscador – ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en este ciudad?. ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre este gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?!!

El anciano se sonrió y dijo:
– Puede Ud. Serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…
Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta, cómo ésta que tengo aquí, colgando del cuello.
Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: ala izquierda, qué fue lo disfrutado….a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.
Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media?…
Y después…la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿Cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana?…
¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo…?
¿ y el casamiento de los amigos…?
¿y el viaje más deseado…?
¿ y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?
¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?…
¿horas?, ¿días?…

Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos…cada momento.
Cuando alguien se muere,
es nuestra costumbre,
abrir su libreta
y sumar el tiempo de lo disfrutado,
para escribirlo sobre su tumba,
porque ESE es, para nosotros,
el único y verdadero tiempo VIVIDO.

Post by: Ale

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FAN FIC de “La llamada de los muertos” (Laura Gallego)

Bueno, es la primera vez que escribo un Fan fic… espero que os guste.
Algunas frases os sonarán porque he cogido algunas frases del libro.

ATENCIÓN SI NO TE HAS LEÍDO LA LLAMADA DE LOS MUERTOS DE CDLT, NO LEAS ESTO:
Spoiler: Lo que he escrito es qué le ocurre a Iris desde que Saevin cruza la Puerta hacia el otro lado, hasta el día en que todos se reúnen para ver a Dana ya anciana, todavía dormida. Siempre me pregunto qué le habría pasado a Iris después de eso, porque en el libro dice que Conrado y ella tuvieron su propia Escuela Very Happy

Pues allá va… Señoras y señores… aquí tenéis un fan fic muy mal escrito por una escritora muy mala

IRIS

“Entonces Saevin se volvió hacia los demás y les sonrió, y fue una sonrisa triste, de despedida.
Después, lentamente, dio media vuelta hacia el espejo.
– ¡Saevin, no!- chillé.
Corrí hacia él, pero el muchacho ya había traspasado el Umbral. La puerta se cerraba tras él.
<< – Adiós, pequeña Iris >> oí su voz, muy lejana.
Sollocé, quise seguirle, pero Jonás no me dejó. La puerta se cerró definitivamente.”

Hacía varios días que había sucedido y ya sabía que no había vuelta atrás. Sin embargo, esa imagen me perseguía en sueños y hacía que me despertara sobresaltada. Luego me pasaba toda la noche llorando.
Todos estos días los había pasado encerrada en mi habitación, sin ganas de hablar ni de ver a nadie, simplemente me quedaba mirando por la ventana.
Desde que Dana cerró los ojos y no volvió a despertarse, todos habíamos acordado que el mago consagrado, el elfo con la mirada salvaje ¿Cómo se llamaba…? Ah, Fenris, se ocuparía de la torre hasta que todo volviera “en cierto modo” a la realidad.
En ese momento alguien llamó a la puerta. Me puse mi túnica y me senté en la cama mientras me secaba las lágrimas.
-¿Se puede?
– Sí… – dije desanimada.
El pomo de la puerta giró y la puerta se abrió, dejando ver a Jonás con una sonrisa un poco forzada en los labios.
– Buenos días.- dijo mientras se sentaba junto a mí y me tendía una taza con leche caliente.
– Sí…
Jonás suspiró triste y me miró a los ojos.
– Escúchame, Iris. Sé que todo esto es muy difícil y que lo estás pasando muy mal, pero debes ser fuerte, todos debemos serlo. Sal de tu habitación, por favor, no estés así durante toda tu vida. No podrías soportarlo, ni los demás tampoco. Todo de ahora en adelante va a ser diferente, pero no hay que desanimarse.
– Yo ya soy diferente.- dije sin mirarle a los ojos.
Jonás me miró sin entender y yo me encogí de hombros. Nadie lo entendería. Ya no quería ser la chica tímida maltratada por sus padres. De ahora en adelante no me callaría, diría todo lo que quisiese sin tener miedo a los que me dirán
Jonás salió de la habitación y me tapé el rostro con las manos. Por mucho que lo intentara no podía soportarlo más. Ya no me quedaba nada, no tenía a Saevin, ni tampoco a Dana, que me ayudó en todo lo que pudo cuando llegué a la Torre.
En ese momento me vino a la cabeza una conversación que escuché entre Dana y Kai, y con un brillo de ansiedad en los ojos, cogí una cuerda y salí rápidamente de la Torre.
Cuando me adentré en el Valle de los Lobos, encontré un árbol con una rama bastante gruesa. “Soportará mi peso”, pensé decidida. Iba a hacerlo. Si yo moría , podría ver a Saevin y me quedaría con él para siempre.
Cogí la cuerda y me la pasé por el cuello. Me acerqué al árbol y fui a intentar a escalarlo, pero una voz detrás mía hizo que me quedara totalmente paralizada.
– Yo si fuera tú no haría eso.- Me di la vuelta asustada, y descubrí a un joven alto y delgado, de facciones serias y maduras y con la túnica rojo fuego. En cuanto le miré a los ojos me di cuenta de quién era: El joven que me salvó la vida.
– Sé lo que hago.- dije a la defensiva.
-¿Estás segura? No te saqué del Otro Lado sólo para que vuelvas a entrar en él.
– No lo entiendes, Conrado.- dije triste.
– ¿De verdad crees que él querría que murieras así?- Yo lo miré sorprendida y angustiada a la vez.- No me mires con esa cara de miedo, lo supe la primera vez que os vi. Creo que no se alegrará que hayas acabado con tu vida para estar con él.
-Pero…
-Iris. Te llamabas así ,¿no? Sólo tienes doce años, tienes una vida por delante. Quizás no tan buena como tú esperabas, pero algo tiene que haber, algún sueño o deseo que te retenga aquí.
Estuve meditando las palabras que Conrado me dijo, hasta que al final decidí quitarme la soga del cuello.
– Así me gusta.- dijo éste sonriente.- Me habías asustado. Uno va una mañana soleada a buscar nuevas especies de plantas y se encuentra con esto.- dijo mientras se sentaba en la hierba.
– ¿Es lo que te gusta hacer en tu tiempo libre?- dije intentando olvidarme de Saevin y un poco extrañada ante tal afición.
– ¿Acaso a ti no te gusta hacer algo diferente?
– Bueno, no sé lo que quiero hacer ahora mismo, pero cuando sea más mayor me gustaría crear mi propia escuela y formar a los aprendices. Pero no sé si podré…
-Estoy seguro de que podrás.- dijo convencido mientras me sonreía.
Yo sonreí y estuvimos un rato conversando hasta que se hizo de noche.
¿Cómo iba a saber que Conrado iba a ayudarme tanto? Desde ese día me ayudó en todo lo que pudo para poder conseguir ser maga consagrada, se convirtió en un gran amigo, un amigo muy especial, pero nunca llegó a ser algo más, mis ojos siempre estaban y estarían fijos en una sola persona.
Juntos conseguimos crear nuestra propia escuela y nos hicimos socios, y llegamos a estar casi a la altura de la Torre, aunque para mí ese sitio era especial, el comienzo de todo…
Un día, cuando ya habían terminado las clases en la Escuela y los aprendices se fueron a sus respectivas habitaciones, Conrado llegó a mi despacho corriendo y abrió la puerta con fuerza.
– Iris, ha llegado la carta- dijo nervioso.
– ¿Qué carta? ¿Quién la envía?- dije intentando recordar la última vez en que Conrado mostraba nerviosismo y ansiedad: era la primera vez.
– Pero…- Conrado puso los ojos en blanco.- ¿No te acuerdas? ¡Es una carta de Jonás, viene de la Torre!- Me levanté de un salto y abrí la carta echa un manojo de nervios.- Ya hace varias décadas de todo esto…

Era invierno y la nieve cubría el inmenso Valle de los Lobos.
Cinco personas nos habíamos reunido allí: Nawin, Fenris y su acompañante, Gaya, Conrado y yo.
Mis ojos se posaron en la Torre con una mirada nostálgica y triste, que intentaba ocultar esbozando una sonrisa dulce.
Salió a recibirnos Lis, la hija de Jonás y de Salamandra, de cabello rojo y ojos reflexivos, a la que había tenido la oportunidad de conocer cuando era tan solo un bebé.
– Lis.- saludó Conrado.- ¡Caramba, cuanto has crecido!
La chica nos saludó efusivamente y luego Jonás salió a la puerta de la Torre. Llevaba una túnica dorada y las canas comenzaban a percibirse en su cabello moreno.
– Jonás.- exclamó Conrado alegremente.-Los años te tratan muy bien…¿Puedes ser que conozcas un conjuro rejuvenecedor mejor que el mío?
– Tú no usas conjuros rejuvenecedores, Conrado.- dije sonriendo.- De lo contrario tendrías más pelo.
– ¿Qué tal va vuestra escuela, Iris?- me preguntó Jonás.
– Bien, porque yo mantengo los pies en el suelo. Pero aquí, mi socio no piensa más que en sus estudios de alto nivel…
– ¡Eh! Impresionamos al Consejo gracias a mis teorías sobre la existencia de pliegues temporales, sin eso no habría escuela, y lo sabes.
– Lo sé.- dije conciliadora.
Jonás nos explico para qué nos había llamado, nos contó con un atisbo de esperanza los que todos ansiábamos desde que ésta cerró los ojos. Nos dijo que se había movido.
Todos subimos las escaleras hacia sus aposentos y me detuve durante un instante en frente de la puerta de la antigua habitación de Saevin. Conrado me sujetó por los hombros.
Nos encontramos con Salamandra. Ésta se puso un dedo en los labios indicando silencio, y luego abrió la puerta.
Nos acercamos a la mujer anciana que estaba tumbada en la cama, totalmente sobrecogidos. Fenris se acercó a ella y se enjugó una lágrima indiscreta.
¿Tanto tiempo había pasado? Mis recuerdos eran tan frescos que parecía que todo eso era cosa de ayer.
En ese instante, los ojos azules de Dana dieron una mirada circular mirándonos a todos, y luego se detuvo en Fenris. Intentó hablar y Fenris se lo impidió. Dana negó con la cabeza.
– Has…ta … siempre.- logró decir en un susurro.
Y con un suspiro, su corazón dejó de latir.
Todos los allí reunidos nos quedamos en silencio, asumiendo lo que había acabado de pasar. Soltamos unas lágrimas, pero reflejábamos una pequeña sonrisa triste. Sabíamos que Dana acababa de conseguir lo que había estado anhelando desde que Kai se separó de ella.
Me asomé a la ventana y respiré hondo. Justo debajo se encontraba el dragón, que había cerrado los ojos al fin tranquilo y feliz. Suspiré y una lágrima recorrió mi mejilla.
<<- No os olvidaremos. Disfrutad del tiempo tenéis ahora los dos juntos. Cuídalos bien, mi querido Saevin. Algún día yo también tendré que pasar al Otro Lado, y entonces nuestras miradas se cruzarán, y ni una sola fuerza ni espíritu podrán arrebatarnos ese momento>>
Luego me reuní con los demás.

——————————————————

Muy lejos donde nadie le podía ver, Saevin contemplaba la escena después de despedir a Dana y a Kai, que ya habían cruzado la Puerta.
Sus ojos se fijaron en una mujer de pelo castaño y ojos tristes.
La mujer miró por la ventana y Saevin se emocionó cuando dijo esas palabras.
<< -Esperaré impaciente ese momento, pequeña Iris >> dijo sonriente.

 
 
POST BY BLANCA

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Relato corto: Entre nubes (2ª parte)

Aquí os dejo la segunda parte del relato que estoy escribiendo para el blog. Aún quedan más partes, no sé cuántas porque aún no las he escrito 🙂 ¡Espero que os guste!

–          ¡Ali!

Salí corriendo hacia ella con la mayor agilidad que me permitía la maleta.

–          ¡Sara!—me abrazó con gran efusividad— ¿Cómo estás?—preguntó con su acento italiano.

–          Genial ¿Y tú?—dije señalando su pelo rubio que antes era castaño.

–          Ya… ¿Te gusta?

–          Sí. Te he echado de menos—nos volvimos a abrazar.

–          Ven, vamos. Tengo el coche en el aparcamiento.

Nos montamos en el coche y durante los veinte minutos que duró el trayecto estuvimos contándonos todo lo que nos había sucedido desde la última vez que nos habíamos visto. Llegamos a su casa que se encontraba en la Via di Parione, cerca de la Piazza Navona. Yo ya había estado en su casa así que todo me era conocido y no me fue difícil instalarme. Alice tenía que salir debido a unos asuntos, así que yo aproveché para ir a dar una vuelta por los alrededores del barrio. Caminé por las calles mientras miles de recuerdos inundaban mi cabeza. Eran las siete de la tarde, de un sábado, así que todo estaba lleno de turistas. Nunca he sabido porqué, pero yo nunca me he considerado uno. Para mi ese lugar era mi segunda casa. Mis pasos me guiaron hasta la Piazza Navona. Estaba tal y como recordaba. Recorrí toda la plaza mientras observaba distraída como la gente se hacía caricaturas o compraba pequeños cuadros con imágenes de la ciudad. Más adelante había un barullo de gente que estaba situado alrededor de  varios chicos que hacían break-dance. Me acerqué a la fuente situada en el centro de la plaza y me senté en el bordillo. Se me hizo raro pensar que solo metros me separaban del culpable de mi presencia allí. Pero en ese momento no tenía ganas de llamar a Simone. Ya al día siguiente le diría que estaba en Roma. Sé que suena raro, pero necesitaba estar sola, necesitaba… disfrutar del momento.

CONTINUARA…

 

Post by: Ale

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Relato corto: Entre nubes (1ª parte)

Bueno aquí os dejo otro relato. Solo está la primera parte porque la segunda aún no la he escrito 🙂 ¡Espero que os guste!
 
Me levanté del asiento cuando oí que me llamaban a mi vuelo: FR 9672 con destino a Roma, Italia.
Pasé el control y me dirigí a la puerta de embarque. Cada vez estaba más nerviosa. Era el primer viaje que hacía sola. Aunque en realidad ese no era el motivo de mi nerviosismo. Yo había estado estudiando en Roma durante algunos meses gracias a que me habían dado una Beca Erasmus. Durante mi estancia allí, conocí a un chico, Simone. Era moreno, alto y no hablaba nada de español. Pese a mi pésimo italiano nos entendíamos bien. A mi regreso a España, estuvimos en contacto vía internet. Ya había terminado los exámenes, así que se me había ocurrido hacerle una visita sorpresa. Y esa era la razón de mi viaje.
Envié un mensaje a una amiga italiana para decirle sobre qué hora me tenía que venir a recoger. Se llama Alice y la había conocido en la universidad. Su madre es española así que con el idioma no teníamos problemas. Me ayudó mucho con el italiano y gracias a ella se me hizo más ameno eso de estar en un lugar donde no conoces a nadie. Cuando me fui de allí tampoco perdimos el contacto. Incluso una vez vino a pasar unos días a mi casa. Y por eso ella ahora me iba a hacer el favor de acogerme en su casa.
Entré en el avión y me senté junto a una ventanilla. Estuve leyendo y escuchando música durante las dos horas y veinte minutos que duraba el vuelo. Por un altavoz avisaron en varios idiomas que habíamos aterrizado en el aeropuerto de Fiumicino y que había una temperatura de treinta y cuatro grados. Bajé del avión y fui a recoger mi maleta. Cuando salí, Alice, ya me estaba esperando.
Continuará…
 
Post by: Ale

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Relato corto: Cuando ese alguien eres tú

Bueno este es mi segundo relato que he escribo para el blog. Y quiero reflejar un poco la crisis de paro que hay en España. Aunque este tema no lo haya vivido yo, lo veo a menudo en tercera persona (En casa, en el colegio, en la televisión…).  ¡Espero que os guste!
 
Camino por la calle ignorando todo lo que me rodea. Me siento pequeña e indefensa ante esta situación. Me han despedido. Mi jefe ha echado por tierra mi trabajo de estos últimos 8 años. Su escusa: “En estos tiempos de crisis la economía está muy mala. Lo siento pero a alguien le tenía que tocar” Vale, es cierto, a alguien le tenía que tocar, pero ¿Por qué a mí? Todos los días llegaba a mi hora y me iba una de las últimas. Siempre era puntual con mis trabajos. Le he hecho ganar mucho dinero a la empresa ¿Y así me lo pagan? No me he dado cuenta pero he empezado a llorar. Siento vértigo, no tengo ni idea que debo hacer. A Pablo, mi marido, lo despidieron hace 6 meses y aún no ha encontrado trabajo ¿Cómo le cuento a mis hijos que no tenemos dinero? A lo mejor Laura que tiene 10 años lo entiende. Pero ¿Y Carlos? Sólo tiene 6 años. ¿Cómo le explico que sus compañeros de clase tienen regalos de Navidad y él no? ¿Cómo le digo que este año no podemos irnos de vacaciones? No lo entiendo. Yo estaba bien, era feliz. No nos sobraba el dinero, pero vivíamos bien. Cuando estoy llegando al portal de mi casa, veo a mi marido con mis hijos entrando. Me seco las lágrimas lo más rápido posible.
–      ¡Hola mama!—Carlos se abalanza hacía a mí y me abraza.
–      Hola cariño ¿De dónde venís?—intento preguntar lo más calmada posible.
–      Papa nos ha llevado a ver a los abuelos—responde Laura.
–      ¿Niños podéis ir subiendo?—Pregunto intentando sonreír. Los dos salen corriendo por las escaleras.
–      ¿Qué ha pasado?—Pablo se queda mirándome preocupado.
–      Me han despedido—me abrazo a él y empiezo a llorar de nuevo.
–      Ya… Cariño, no te preocupes. Ya nos las arreglamos ¿de acuerdo?—asiento poco convencida.
–      ¿Qué he hecho mal?—me quedo mirándole como cuando a una niña pequeña le riñen—No lo entiendo…
–      Sabes que en estas cosas nada es justo. Ya verás cómo todo al final saldrá bien…

Post by: Ale

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Relato corto: Creo que lo llaman amor

Esto es un pequeño relato que he escrito en el que quiero reflejar lo que es el amor… ¡Espero que os guste!

Isaac. Es el único nombre que se repite sin cesar en mis pensamientos. Ese chico de pelo castaño y ojos azules que me ha hecho despertar sentimientos en mí que no conocía. Nunca pudiera haber imaginado que una persona con solo sonreírme pudiera hacerme tan feliz. Que me hechizara y caería rendida a sus pies con solo una mirada. O que incluso con verle, yo… es algo tan indescriptible.
Ando despacio ignorando el mundo que me rodea y ensimismada en mis pensamientos. ¿Es normal sentir algo tan fuerte por alguien? Mi hermana dice que es normal, que con trece años aún sea incapaz de comprender estas cosas, pero como dice ella cada vez que me ve suspirando, “creo que lo llaman amor” y luego suelta una de sus risitas que tanto me fastidian. Claro como ella es la mayor, la que tiene diecisiete años, y mama la deja salir con los chicos que ella quiera… Es extraño que yo antes pasaba de todo este embrollo del amor, pero es que desde que conocí a Isaac… Todo dentro de mí ha cambiado.
Y lo que no consigo entender es por qué Carol, mi mejor amiga, no deja de repetirme que me olvide de él, “Sabes perfectamente que Isaac no te conviene. Es dos años mayor que tú y está claro que no se va a fijar en una niña” ¿Pero por qué? Y menos mal que es mi mejor amiga… Vale que es mayor que yo, y que no sea el mejor chico del mundo, aunque para mí, sí lo sea. Sonrío al pensar esto. Isaac no es malo… Tampoco es que lo conozca mucho, solo hace unos meses que se mudó a mi edificio.  Y tampoco es que seamos mejores amigos… Hablamos a veces cuando nos encontramos en el rellano y como una vez me dijo sonriente “Gracias” “¿Por qué?” le pregunté desconcertada “Porque verte me ha alegrado el día” y se fue, con la misma sonrisa en los labios que tanto ansío besar.
Es genial estar enamorada. No sé de qué se queja tanto la gente. Si es verdad que la sensación de lo que llaman “mariposas en la barriga” es agobiante. Cuando estoy con él o pienso en él, tengo una sensación de vacío y de angustia. Pero Isaac me hace feliz. Cuando le veo solo tengo ganas de reír, de inventarme cualquier excusa para estar con él, como cuando me invente que mi gato se había escapado de casa (¡yo nunca he tenido gato!) Cuando pienso en él (que es prácticamente todo el día) me siento bien ¿Tan difícil es de entender? Pues explicárselo a mi madre, que desde que se ha enterado no me deja bajar con él en el ascensor. Lo que me faltaba… Yo no quería decírselo pero mi hermana me chantajeó (algo tan normal en ella) y tuve que ceder “Sí me ordenas mi cuarto durante un mes no le digo nada a mama” Sé que no parece un chantaje tan grave, pero no habéis visto su cuarto. ¡Creo que es la persona más desordenada del mundo!
Saco las llaves para abrir la puerta del portal. En ese momento oigo que alguien me llama.
–           ¡Carla! Carla, espera…—Mi corazón empieza a latir cada vez más rápido y mi rostro se ilumina al verle, es Isaac.
–           ¡Hola! ¿Vas a entrar?— ¿Qué? ¿Por qué le he preguntado algo tan obvio?
–           Sí, pero espera un momento ¿vale?—me sonríe dulcemente. Me quedo mirándole intentando no parpadear para no perderme ni un solo segundo.
–           ¿Y qué tal estás?—le pregunto esperanzada por iniciar una conversación.
–           Genial, mira—una chica de cabello rubio se acerca a nosotros. Él se queda mirándola sonriente. Siento una punzada en el estómago.
–           ¡Hola!—dice la chica cuando llega a nosotros.
–           Carla, te presento a María, mi novia—Se quedan los dos mirándome esperando una respuesta.
–           Encantada—esbozo la sonrisa más amarga de mi vida.
–           Igualmente—dice María sonriente.
Subo con ellos en el ascensor. Aunque en seguida me arrepiento de ello. Llego a mi casa y voy directa a mi habitación. El segundo después de cerrar la puerta millones de lágrimas empieza a brotar de mis ojos. Me siento en el suelo junto a la cama e intento calmarme, pero es imposible. ¿Cómo poder evitar la sensación de que todo el mundo se me viene encima? Las imágenes de los últimos minutos empiezan a golpear rabiosas mi mente. No puedo dejar de repetir en mi cabeza aquellas palabras “Carla, te presento a María, mi novia” Tantas ilusiones, tantos sueños, tantas falsas ideas creadas por este estúpido sentimiento llamado amor. Estoy mareada y soy incapaz de pensar con claridad. ¿Y ahora qué hago? ¿Me olvido de él como si nada? No puedo… no puedo olvidarme del chico del que he estado enamorada tanto tiempo. Siempre había soñado en cómo sería mi primer amor y cuando llega… todas las oportunidades de estar con él se esfuman. Aunque no sé cómo me extraño tanto. Isaac es único. Era raro que no tuviera novia…
Alguien llama a la puerta de mi habitación y acto seguido ésta se abre. Es Sandra, mi hermana. La miro con mis ojos enrojecidos. Se sienta a mi lado y sin preguntarme nada me abraza.
No tengo idea que debo hacer ahora. Me siento perdida, confundida… Este es el peor día de mi vida. Carol ya me lo había avisado “el amor al principio te hace sentir en las nubes, te crea una sensación de felicidad, pero ese sólo es el lado bueno. El malo, te la arrebata cuando menos te lo esperas, te deja sin fuerzas para seguir y te hace sentir lo peor del mundo. El corazón es un libro para colorear y nosotros siempre tratamos de leerlo.” Debí hacerle caso… Y lo peor es que mi madre también me avisó “Carla te cuidado, el amor ciega a las personas y no deja que vean la realidad tal como es. No amamos a la gente porque es hermosa, nos parece hermosa porque la amamos” ¿Y qué más da todo eso ahora? Supongo que debo hacerle caso al sentido común, olvidar y seguir adelante como sea, pero irónicamente el sentido común es el menos común de todos los sentidos. Y como me dijeron una vez “No desesperes. Muchas veces, las mejores cosas vienen cuando menos se esperan.” Espero que tengan razón…

Post by: Ale

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